La historia de mi abuela

Cuando mi abuela fue madre, en España se llevaba la teoria de que el estomago de los niños tenia que descansar entre toma y toma. Se recomendaba que los bebes esperasen unas dos horas entre tomas para volver a comer. Dicho sea de paso, esto ha cambiado radicalmente en los ultimos tiempos.

Mi abuela tiene cinco hijos. Los dos primeros los crio con leche materna solo unas pocas semanas, no tengo claro que llegase a los dos meses, porque se le retiro la leche. Si fue porque tenia que cumplir el horario o porque la posguerra fue muy dura en la alimentacion de la gente, lo ignoro. El caso es que mis dos tios mayores se criaron con leche de vaca. Nada de pijerias de Nidina o Almiron, ni siquiera Nestle. Leche de vaca. De la vaqueria mas cercana, supongo que hervida unas cuantas veces.

Cuando mi abuela tuvo a mi padre, el tercero de los hermanos, creyo que seguiria la misma senda. Sin embargo, un dia soleado que estaba intentando amamantar se coloco de espaldas a un balcon apoyandose en el vidrio. En aquel momento sintio la subida de la leche y mi padre fue criado durante sus buenos dos años (o mas) del pecho de mi abuela. Se lo comento a su medico, quien le dijo que eso estaba muy bien, que tenia mucha razon, que siguiese tomando el sol y que de paso se tomase un galactogogo (medicamente supuestamente fabricado para incrementar la produccion de leche en las mujeres) para mejorar el resultado… Donde yo me pregunto: a ver, señor doctor, ¡asi siempre gana! Si receta el galactogogo cuando hay produccion de leche y no cuando no la hay, esta claro que no se equivoca, pero por pura logica tendria mas valor que se hubiese recetado cuando parecia no haber leche. Cuando se recetan para solucionar un problema que ya no existe, todos los medicamentos cumplen con su cometido.
En cualquier caso, desde entonces mi abuela siempre recomienda ponerse al sol para incrementar la producción de leche. No se si sera verdad. Lo que se es que el calor tiene un efecto de dilatación de los conductos galactoforos, de manera que se facilita la llegada de la sangre a los senos lactiferos que es donde se almacena la leche y desde donde los bebes pueden presionar para obtenerla. También tengo entendido que con el sol y el calor se puede activar el reflejo de eyeccion, por lo que la leche saldría mas fácilmente. Quizá todo esto ayudo a mi padre a mamar al principio y así poder mantener la producción de leche de mi abuela durante mucho, mucho tiempo

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La llegada a casa

Lo cierto es que los primeros días en casa fueron maravillosos, dentro de lo que conlleva recuperarse de tamaña transformación como es tener un bebe.

Salimos del hospital después de comer y con mi lindísimo E. en el capazo llegamos a casa. Era todo tan nuevo que no sabia donde meterme de la emoción, y con la ayuda de mi pareja y mi madre comenzamos el día a día. Mi pequeñín comía muy a menudo y hacia unas tomas larguísimas, hasta el punto de que a veces me daba la impresión de que más que ser distintas tomas, me encontraba ante una única toma infinita. Aun así, también había momentos en los que se quedaba tranquilo en sus cosas, que a saber cuáles son esas cosas de un recién nacido, o echaba sus siestas, momentos que yo invertía en ducharme o dormir, aunque casi nunca eran lo suficientemente largos como para que yo pudiese terminar la tarea, y los demás acababan por entretener al niño mientras terminaba. La mayor parte de las comidas, las mías, las hacía con el niño en los brazos porque de esperar a que me diese un respiro no comería nunca. En aquellos días no sentí dolor alguno ni en el pecho ni en los pezones, sino más bien la molestia de tener el pecho muy hinchado y caliente. De hecho, un pecho se hinchaba más que el otro y aunque intentaba colocar al bebe más tiempo en ese mismo para ver si lo vaciaba, no creo que lo llegase a conseguir nunca. Tanto se hinchaba que, en ocasiones, parecía que el bebe tenía problemas en agarrarse al pezón, tan gordo y orondo que estaba pecho. Leyendo mi libro de cabecera, “Un regalo para toda la vida”, aprendí más tarde que para poder ayudar al niño a mamar de esos pechos tan llenos hay que presionar en la areola de determinada manera para retirar la leche hacia dentro y darle al pezón la elasticidad que el bebe necesita para engancharse. De saber lo que se ahora, también habría intentado sacarme la leche suficiente para bajar la hinchazón antes de tener molestias más serias, pero como yo soy una mujer fuerte que puede con todo, ¿para qué me iba a preocupar? Realmente no me molestaba gran cosa. Estaba muy confiada en las posibilidades de la lactancia. A falta de más pruebas, tómese la anécdota de la prueba del talóncomo referencia…

Unos días mas tarde salí a pasear con mi pequeñito en el carro. Que delicia, el día era tranquilo, templado, hacia sol. Acababan de pesarlo el día anterior y habia ganado peso, cuando es muy frecuente que lo pierdan en la primera semana de vida. Estaba orgullosa. Y hacia tanto calorcito y se estaba tan a gusto. Lo sentía en la espalda tan ricamente. Y también sentía como parecía que me subía la leche con más virulencia que antes. Uno de los sectores del pecho mas hinchado se puso duro y me comenzó a doler un poco. Recordé la historia de mi abuela con el sol y me pregunte si no sería lo mismo que le paso a ella. Y tenía tanta sed… Es normal tener mas sed de lo usual en la lactancia, pero aquello no me lo esperaba. Además, empecé a notar que el pecho hinchado incluso se endurecía y me dolía desde uno de los sectores del pecho hasta casi debajo de la axila. Aunque había tenido molestias previas, aquello fue un poco más allá y me consolé pensando en que era “La Gran Subida” de la leche. Qué inocente, ahora que ha pasado el tiempo me inclino más por la “La Gran Ingurgitación” que por la gran subida. De hecho fui a visitar a un familiar que es medico justo después y me comentó que vaya subidón de leche que había tenido. Mi orgullo crecía por momentos, ¡tendría leche de sobra para mi peque! Le comenté las molestias que estaba notando y me pregunto que si tenía la zona de la hinchazón roja a lo que contesté que no, a pesar de no haberlo mirado en ese mismo momento. Estuve bebiendo todo el camino hacia casa de este médico, en su casa y todo el camino de vuelta a mi casa. Tenía calor y sed. Empecé a tener mal cuerpo. Sudores fríos. Un poco de mareo. Llegue a casa y me derrumbe en el sofá, tenia escalofríos y fiebre, no podía mantenme despierta, mi hijo tenía hambre pero me rechazaba el pecho y yo solo pensaba en que podía hacer sintiéndome tan mal física y anímicamente, como estaba dejando a mi niño tan desvalido. Había llegado la inigualable mastitis…