Los primeros dias de lactancia

Llega el gran día que llevas tantos meses esperando, las últimas semanas con cierta impaciencia. Te ponen de parto (o te pones tú de parto, pero esta experiencia es la mía) y después de varias horas nace tu bebé. Si no has tenido cesárea u otras complicaciones, lo normal es que nada más salir coloquen a la criatura sobre tu vientre con todos los fluidos incluidos. No importa lo rojo o morado que esté, la forma de la cabeza tras atravesar el canal del parto, si tiene los ojos hinchados, te parece el recién nacido más guapo del mundo. Bueno, esto es cierto casi siempe menos en mi caso, porque mi pequeño E. ES realmente el bebé más bonito del mundo.

Amor de madre aparte, las primeras dos horas de vida de mi bebé fueron mis primeras dos horas de experiencia con la lactancia. Hasta sólo un par de días antes no había tenido calostro, y lo comprobé porque me lo extraje de curiosidad y puro nervio. Todas las guías de embarazo y maternidad empiezan a amenazar diciendo que entre el quinto y el sexto mes quizás comiences a expulsar calostro, que esto es lo normal. En mi caso no fue así y mi cuerpo no comenzó a expulsar nada hasta después del parto. Unos días antes conseguí extraer algo a fuerza de ordeñar, pero ningún fluido salió por su propia cuenta. A mi pequeño E. no pareció importarle mucho cuando llegó y durante sus primeros días se dedicó con empeño a la ardua tarea de conseguir su propio alimento a través de su madre. No podía quejarme, mi bebé parecía engancharse medianamente bien y cualquiera diría que se quedaba medianamente satisfecho. Por mi parte, me encontraba lo suficientemente fuerte y ágil como para darle el pecho prácticamente en cualquier posición, tumbada, comiendo, sentada… Aunque notaba unos ligeros dolores. Aquí me encontré la primera diferencia entre la teoría y la realidad.

Todos los libros de referencia, siendo “Un regalo para toda la vida” de Carlos González el más renombrado, pero sin dejar de lado la misma guía del hospital, afirman que la lactancia no debe doler. De hecho, insisten en que se avise al personal del hospital en caso de que duela algo. Yo comenté este hecho un par de veces a alguna enfermera y a otras menos enfermeras y la respuesta que obtuve siempre fue “es que al principio duele”. Bien, a nadie se le ocurrió ver cómo se enganchaba mi niño, porque como a mí, madre primeriza que no estaba segura de si debía preguntar o no, no me parecía que estuviese muy mal posicionado, para qué íbamos a indagar más. Que duele y punto. Total, aguantaba bastante bien, era más una molestia que un dolor, sobre todo si comparamos con los puntos de sutura y la debilidad general por el posparto, tampoco era para exagerar. ERROR. A estas alturas no sé si debía doler o no. Como veréis más adelante, eso no fue más que el principio de un camino accidentado y difícil, pero ignoro si todo viene de mantener una mala postura desde la hora 0 a la 36. Lo que sí sé es que debería haber agotado mis recursos, enseñar mis tetas a los cuatros vientos, aburrir al personal de planta y familiares y que no lo hice.

MAMÁS FUTURAS, ATENCIÓN: Preguntad todo lo que haga falta. Por vuestro bien, si salís del hospital ignorando si hacéis bien o no las cosas, que no sea porque no lo hayáis intentado. La lactancia es maravillosa como sensación, pero sólo si no duele. ¡Haced lo posible porque no llegue a doler! (Advierto que no se pueden ofrecer garantías de éxito desde el primer día)