La prueba del talón

Tanta confianza tenía en la lactancia y en mis conocimientos, que durante la prueba del talón, realizada tres días después del parto, intenté ponerla en práctica de manera un tanto radical. Dado que por los pinchazos mi bebé comenzó a llorar en la consulta, intente darle el pecho para consolarlo siguiendo la sugerencia de la enfermera. Todo esto me lo dijo con el niño puesto ya en la camilla, así que me dispuse a probar la postura de la loba capitolina para darle el pecho, porque no veía yo tan fácil el interrumpir el proceso que ya estaba a mitad para cogerlo, que se enganchase, etc. La enfermera creyó que si que era mejor que lo hiciésemos de la manera más tradicional, y yo pensando que, en fin, si te tienes que lucir en público, ¿quien elegiría la postura del misionero? Con la lactancia igual: ¿para qué ir a la postura más convencional cuando además parece que otra cumple mejor con la situación en que nos encontrábamos? A día de hoy estoy convencida de que lo habría conseguido si me hubiesen dejado, aunque en realidad no hay manera de saberlo. De todas formas, la enfermera me recordó la existencia del grupo local de apoyo a la lactancia que de tanta utilidad me ha servido despues por temas completamente diferentes. Sali de alli con mi niño en los brazos mamando hasta llegar a casa de su teta favorita, la elegida el día del parto que coincidía con la menos hinchada, la que más tarde alimentaría exclusivamente a mi bebé debido a la mastitis.

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